Una práctica para el diario vivir.

1 Abr

Al levantarse y al acostarse, frente a un espejo, ojalá de cuerpo entero, muy sereno se mira a los ojos y dice:

Madre mía, yo sé que todas mis faltas tú las conoces, yo sé que tú conoces todas mis fallas. Tú, que eres la única que me puede redimir, tú que me has visto caer, tú que me has visto rodar por el lodo, sabes que estoy arrepentido de lo que he sido. Madre mía, concédeme tener un arrepentimiento sincero y tener una fuerza de voluntad de acero para enfrentarme a mis debilidades y a mi ego. Mis debilidades yo las acabaré con tu ayuda; mi ego tú lo destruirás poimage8591rque yo así te lo pido, quiero ser un digno hijo tuyo”.

“El día que yo triunfe, me iré contigo a los pies de mi Padre y tú estarás con él, no seguirás siendo la viuda porque has conseguido la conciliación con tu hijo.Amén”.

Lo hacen viéndose en el espejo como la madre y el hijo, a la vez.

Cada momento que el ego aflora, díganle:

“Madre mía, ¿Hasta cuándo sigo siendo el hijo necio?,  ¿Hasta cuándo sigo con mis debilidades?, repréndame, Madre”.

Una respuesta to “Una práctica para el diario vivir.”

  1. Que bello. Es más que cierto, nuestras debilidades nos ganan, que mejor que afrontarse ante un espejo.

    ¿Qué es más fuerte la fuerza de voluntad o el miedo? Quién mejor para ayudarte, tus padres, estando o no. Date fuerza y ve lo que haz hecho contigo mismo.

    Quierete.

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